viernes, 25 de octubre de 2013

El inocente

Abrió los ojos sin verme y le dije "no te mueras"
tenía la piel tan clara que vi sus venas violetas.
Aquellas pupilas negras, más profundas que el vacío
me dejaron caer sola como de un gotero frío. 

Sonó entonces mi latido como el eco de un rugido,
se me encorvó la espalda y me salió un morro fino.
Lo abrazaba con ternura contra mi alterado pecho,
mi respiración turbada cortaba el aire en silencio,
y lo tapé con mi alas, del color del firmamento.

Lo estudiaba entre mis garras con órbitas dilatadas,
pero él sin ningún miedo devolvía  mi mirada.
Bostezó con la energía de un gran rey de La Sabana, 
y cual débil criatura se quedó ahí, acurrucada. 

Soy monstruo depredador por esa piel inocente,
frágil, enferma, callada, que me observa fijamente,
que no juzga lo que ve y es sincera en lo que siente.
Pasar sobre mi cadáver deberán los elementos
para que su vida pague lo que otros por él han hecho.  





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